Hay rostros que, por sí solos, cuentan una historia de puentes entre dos continentes. El de Flora Coquerel es uno de ellos. Coronada con apenas diecinueve años, esta franco-beninesa de sonrisa radiante no solo ganó el concurso más visto del panorama televisivo francés: encarnó, durante el tiempo que duró su reinado, una Francia plural y orgullosa de sus raíces africanas. Más de una década después,la antigua Miss Francia sigue siendo una figura imprescindible de la moda francesa, una embajadora de la belleza mestiza y una emprendedora comprometida cuyo corazón sigue latiendo por Benín. Repasamos la trayectoria de una reina de la belleza convertida en icono.
Una infancia marcada por dos culturas
Flora Coquerel nació el 14 de abril de 1994 en Mont-Saint-Aignan, en Sena Marítimo. Nacida el 14 de abril de 1994, creció posteriormente en Eure-et-Loir, cerca de Chartres, en el seno de una familia de tres hermanos. Pero para comprender a la mujer en la que se ha convertido, hay que remontarse a una historia familiar profundamente ligada a África Occidental.
Su padre, un joven entusiasta del progreso, se marchó a Benín cuando tenía unos veinte años para participar en el desarrollo de técnicas agrícolas y ganaderas. Fue allí, en tierras beninesas, donde conoció a la que se convertiría en la madre de Flora. De vuelta en Francia, la pareja no dejó de tejer lazos entre ambos países a través de iniciativas benéficas. Así pues, la pequeña Flora crece, desde su infancia, en un entorno en el que el compromiso humanitario y la doble cultura son algo natural. Es francesa y beninesa, y nunca concibe estas dos identidades más que como una riqueza.
Antes de saltar a la fama, la joven se orientó hacia el mundo empresarial. Comenzó un BTS en comercio internacional, una carrera que ya ponía de manifiesto su apertura al mundo y su ambición. El mundo del modelaje y los concursos de belleza no figuraban entonces entre sus sueños de infancia: fue casi por casualidad, animada por su entorno, cuando un día cruzó las puertas de un concurso de Miss.
Del concurso de Miss Orléanais a la coronación nacional
El primer gran hito se produjo en otoño de 2013. El 6 de octubre de 2013, Flora Coquerel ganó el concurso de Miss Orléanais y se convirtió así en la primera joven de su región en conseguir este título regional. Una victoria que le abrió las puertas a la aventura nacional.
Unas semanas más tarde, en diciembre de 2013, se celebró el certamen de Miss Francia 2014, organizado ese año en el Zénith de Dijon, en Borgoña. Ante millones de telespectadores, la candidata de la región de Orléans dio la sorpresa. Frente a sus rivales, fue ella quien resultó elegida Miss Francia 2014. El título de Miss Francia le fue entregado por su predecesora, Marine Lorphelin,la ex Miss Borgoña que llevaba un año en el cargo, bajo la dirección de la entonces directora de la sociedad Miss Francia, Sylvie Tellier.
Convertirse en Miss Francia, para alguien que ni siquiera lo había imaginado, lo cambia todo. La coronación como Miss Francia catapulta en una sola noche a esta estudiante de comercio internacional al estatus de figura pública. Pero el acontecimiento no pasa sin causar revuelo. Al día siguiente de su elección como Miss Francia, una parte del público se fija en sus orígenes mestizos. Lejos de dejarse desestabilizar, la joven asume plenamente su historia y reivindica el derecho a representar una Francia cosmopolita y plural, a imagen del país real. Esa mezcla étnica que algunos critican, ella, por el contrario, la convierte en su estandarte. En este sentido, Miss Francia ha abierto una brecha: la de una belleza que no tiene un único color, la de una reina de la belleza que luce con orgullo la mezcla de sus ascendencias europea y africana.
Esta coronación se inscribe en una tradición de Miss Francia procedentes de todos los ámbitos. Antes que ella, rostros como el de Malika Ménard habían dejado huella; después de ella, otras jóvenes como Iris Mittenaere, Alicia Aylies o Amandine Petit llevarían a su vez la corona y darían vida a este concurso de belleza de casi un siglo de historia.
Miss Mundo, Miss Universo: el prestigio internacional
El certamen de Miss Francia no suele ser más que un primer paso. Como ganadora, tras convertirse en Miss Francia, Flora Coquerel representa a Francia en la escena internacional. Participa en el certamen de Miss Mundo en 2014 y, al año siguiente, en el de Miss Universo.
De hecho, fue en Miss Universo donde la joven logró uno de los mejores resultados de Francia en las últimas décadas. En 2015, se situó entre las cinco primeras clasificadas del prestigioso concurso de belleza mundial, un puesto que ninguna candidata francesa había alcanzado en más de sesenta años. Este resultado, aclamado mucho más allá de las fronteras, confirma el prestigio dela ex Miss Francia y su soltura en las pasarelas más exigentes. La comparación es elocuente: allí donde Iris Mittenaere y Flora Coquerel han brillado cada una a nivel internacional —la primera incluso se alzó con el título supremo de Miss Universo en 2016—, estas jóvenes han contribuido a situar de nuevo a Francia en el centro de los grandes eventos mundiales de belleza.
Kelina: cuando la corona se pone al servicio de Benín
Si tuviéramos que quedarnos con una sola cosa de la era pos-pandémica, sin duda sería esta: Flora Coquerel nunca ha considerado su título de Miss Francia como un fin en sí mismo, sino como un formidable altavoz. Fiel al legado familiar, decide continuar con la labor que iniciaron sus padres en Benín.
Estos últimos habían fundado la asociación Inter-Action Bénin, dedicada al desarrollo local. Junto a ellos, Flora Coquerel creó su propia organización:la asociación Kelina. Kelina, un auténtico proyecto familiar, trabaja principalmente en los ámbitos de la salud y la educación, con una convicción: responder a las necesidades reales expresadas por los habitantes en lugar de imponer soluciones venidas de fuera. La antigua reina aprovecha su año de reinado para dar una resonancia sin precedentes a esta causa humanitaria.
Con el paso de los años, los proyectos han ido cobrando mayor envergadura. El símbolo más significativo de este compromiso es, sin duda, la maternidad Nana Zalia, concebida y financiada porla asociación Kelina en una región donde el acceso a la atención sanitaria para las madres y los recién nacidos seguía siendo precario. Tras varios años de trabajo, esta maternidad acabó abriendo sus puertas, ofreciendo a las mujeres de la zona un lugar digno y seguro para dar a luz: un avance concreto, muy lejos del brillo de las pasarelas. Para financiar estas iniciativas,la ex Miss Francia Flora Coquerel no duda en organizar galas benéficas que reúnen a numerosas personalidades del mundo de los medios de comunicación, y su labor ha sido reconocida en varias ocasiones, en particular como asociación «favorita» de un gran grupo francés de lujo.
Lo que llama la atención es la constancia de este compromiso. Un concurso de Miss solo dura una noche, un reinado, un año; la labor en Benín, en cambio, se ha prolongado en el tiempo, mucho después de que la corona hubiera cambiado de dueña. La asociación ha celebrado varios aniversarios y ha sido galardonada en numerosas ocasiones, tanto en Francia como en Benín, tanto por el sector asociativo como por el público en general. Allí donde la atención mediática se desvanece de forma natural una vez que el título de Miss Francia pasa a la siguiente ganadora, Flora Coquerel ha optado por mantenerse fiel a una causa que la trasciende, impulsada por los lazos familiares que aún la unen a esta tierra donde vive parte de su familia.
Esta dimensión solidaria explica en parte por qué el nombre de Flora Coquerel tiene tanto eco entre el público africano y la diáspora. Mientras que muchos ven en un concurso de Miss solo un paréntesis glamuroso, ella ha sabido transformar su fama en una palanca de desarrollo para el continente de su madre.
Flora Coquerel y la moda: una presencia que no pasa desapercibida
Aunque el compromiso ocupa un lugar central en su vida, la Miss Francia del mundo de la moda nunca ha dado la espalda al mundo de la moda y la belleza, sino todo lo contrario. Tras su mandato, aquella que en su día soñaba con convertirse en diseñadora se inscribió en una agencia de modelos y multiplicó las colaboraciones con prestigiosas marcas.
Su cita de moda más emblemática sigue siendo, sin duda, el desfile de Etam. Cada año,el Etam Live Show inaugura la Semana de la Moda de París en un ambiente que combina lencería, música y espectáculos escénicos. Flora Coquerel se ha convertido en una habitual de las pasarelas, a menudo rodeada de otras antiguas reinas de belleza. Así, hemos visto desfilar juntas a varias generaciones de Miss Francia: Iris Mittenaere, Alicia Aylies, Amandine Petit o incluso Flora, reunidas bajo los focos para celebrar la feminidad. Este reencuentro es testimonio de una hermandad duradera entre las Miss Francia, mucho después de que las coronas hayan cambiado de dueña.
La ex Miss Francia Flora Coquerel también destaca en un ámbito más refinado: el de la alta costura. Se la ha podido ver, entre otros, en el desfile de Stéphane Rolland, donde la arquitectura escultural de las creaciones del diseñador se adapta a la perfección a su esbelta silueta. Su presencia en los grandes eventos no se queda ahí: cada primavera, la reina de la belleza es una de las figuras que se ven en el Festival de Cannes, subiendo las famosas escaleras del Palacio de Festivales con atuendos que no pasan desapercibidos, entre vestidos con atrevidas aberturas y una elegancia sobria.
Mujer de negocios de corazón —su título de técnico superior en comercio internacional no fue una casualidad—, además ha multiplicado los proyectos personales, llegando incluso a desarrollar su propio enfoque en el ámbito de la cosmética. Esa vena emprendedora, poco habitual entre las ganadoras de un concurso de belleza, añade otra baza a su haber y amplía, en el ámbito económico, la independencia que ha reivindicado desde sus inicios.
Más allá de las pasarelas,la ex Miss se ha consolidado como una embajadora muy solicitada en el mundo de la belleza. Grandes marcas de cosmética y cuidado personal han recurrido a su imagen, seducidas por una personalidad moderna, en sintonía con su generación y representativa de una belleza mestiza que aún es demasiado poco habitual en la publicidad. Como creadora de contenidos, también ha prestado su voz y su imagen a documentales que celebran la moda afro: a través del «wax», ese tejido colorido que se ha convertido en emblema de la mezcla cultural, pone de relieve a los diseñadores afrodescendientes y su creciente influencia en la moda contemporánea.
Un icono de la belleza que inspira a toda una generación
Lo que distingue a Flora Coquerel de muchas otras ganadoras del concurso de Miss Francia es su capacidad para tender puentes entre dos mundos. Es, a la vez, la heredera de una tradición muy francesa —la delcertamen de Miss y sus ceremonias, seguidas por millones de personas— y el rostro de una modernidad orientada hacia África.
Para un medio como este, dedicado a la moda y la belleza africanas, su trayectoria resulta especialmente inspiradora. He aquí a una mujer que nunca ha tenido que elegir entre sus dos identidades: francesa y beninesa; ha convertido su mestizaje en una fuerza creativa y en un compromiso de vida. Su trayectoria nos recuerda que la belleza negra y mestiza tiene todo su lugar en las pasarelas más importantes, desde las escaleras de Cannes hasta el desfile de Etam, y que la fama puede ir de la mano del sentido, cuando una corona se transforma en maternidad en el corazón de Benín.
Desde su etapa como joven estudiante de comercio internacional hasta convertirse en la emprendedora comprometida que es hoy, pasando por su coronación como Miss Francia en diciembre de 2013, Flora Coquerel ha trazado un camino singular. Para muchos, sigue siendo mucho más que una ex Miss Francia de éxito: una embajadora del diálogo entre Francia y África, una reina de belleza que ha sabido dar sentido a su título y una fuente de inspiración para todas aquellas que se reconocen en la riqueza del mestizaje.
Aunque siguen sucediéndose nuevas generaciones de Miss Francia, la huella que dejó la ganadora de Miss Francia 2014 sigue siendo imborrable. No solo porque fue elegida Miss Francia 2014 una noche de diciembre en Dijon, sino porque ha demostrado, año tras año, que una corona puede ir de la mano de las convicciones, y que la belleza más hermosa es quizá aquella que irradia mucho más allá de las pasarelas.
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