Las raíces de un espíritu libre y pragmático
Nacido en Abiyán, Pierre Imboua pasó su juventud viajando por el continente africano, de Guinea a Malí, pasando por Camerún. Esta inmersión temprana forjó su curiosidad y su comprensión de las diversas realidades del continente. Tras aprobar el bachillerato científico, voló a Francia para estudiar ingeniería agroalimentaria, antes de completar sus estudios con un máster en ciencias empresariales en París.
Fue durante sus primeros cursos de formación técnica cuando Pierre descubrió su verdadera vocación: la venta y la negociación. Encargado de presentar a los cocineros un proceso de cocción innovador, se dio cuenta de que la interacción humana y el desarrollo comercial le interesaban mucho más que la formulación de laboratorio. Se incorporó al gigante americano PepsiCo como jefe de zona para desarrollar las marcas del grupo en el sur de Francia.
Pero muy pronto, la vida en un gran grupo chocó con su necesidad de libertad y acción directa. Frustrado por los engorrosos procesos de toma de decisiones que diluyen las soluciones a los problemas de los clientes, eligió el camino de la independencia.
Un empresario en serie con experiencia en las realidades del sector
La aventura empresarial de Pierre Imboua comenzó en 2007. Observando la ausencia de platos preparados africanos en los supermercados franceses, fundó Sensation d’Afrique. Aplicando un modelo de externalización de la producción, consiguió introducir sus recetas en Monoprix. Ante las exigencias logísticas y financieras de los supermercados en materia de productos frescos, reorientó su modelo de negocio hacia el sector de la restauración. Una asociación estratégica de cinco años con el grupo Marie le permitió distribuir sus recetas a los comedores Sodexo de la región parisina.
A mediados de la década de 2010, Pierre exploró el mundo de la moda con Wax Faro, una marca de prêt-à-porter masculino que incorpora toques de cera. Las prendas se confeccionan a medida en Costa de Marfil y luego se envían a Europa. Posteriormente invirtió en tecnología marfileña y togolesa (fintech, gestión de alquileres) y abrió varios restaurantes en París, Orleans e Ivry-sur-Seine durante el complejo periodo de COVID-19.
Cada etapa del proceso refuerza su experiencia en ecosistemas empresariales a ambos lados del Mediterráneo.
Resolver la paradoja del “vacío intermedio
Al comparar sus experiencias en Francia y Costa de Marfil, Pierre Imboua identifica un fallo importante. En Francia, el ecosistema empresarial está saturado de estructuras de apoyo, subvenciones y planes para facilitar el acceso al capital. En el África francófona, en cambio, los empresarios son extraordinariamente resistentes, pero se enfrentan a un desierto de financiación y apoyo.
Esto crea una oportunidad: por un lado, empresarios africanos dinámicos en busca de fondos; por otro, una diáspora altamente cualificada deseosa de contribuir activamente al desarrollo del continente pero carente de canales de confianza para hacerlo.
Lanzado inicialmente como un club de inversión cerrado, el proyecto se estructuró en 2024 para crear Moja.
Junto con sus socios complementarios, Christelle, del sector bancario y de cumplimiento normativo, y Ghislain, ingeniero tecnológico y desarrollador full-stack, Pierre se dirige específicamente al “missing middle” (el eslabón perdido de la financiación). Este segmento crucial incluye PYME y empresas de nueva creación que son demasiado grandes para la microfinanciación (con sus tipos de interés a menudo prohibitivos), pero demasiado pequeñas o demasiado jóvenes para interesar a grandes fondos de capital riesgo o bancos comerciales.
Combinar financiación y experiencia
Moja hace algo más que inyectar liquidez. La plataforma aplica un modelo de capital inteligente. Cada inversor de la diáspora no solo aporta una entrada financiera, sino que también pone sus competencias (marketing, logística, jurídicas) al servicio de la empresa financiada.
Moja ha desarrollado un modelo riguroso para minimizar el riesgo de impago, una cuestión crucial en la inversión en fase semilla:
- Una fase de diligencia debida en profundidad: Durante uno o dos meses, los equipos de Moja trabajan con el empresario para analizar su mercado, reestructurar su modelo de negocio y comprobar su fiabilidad operativa.
- Liberación gradual de fondos: las inversiones nunca se pagan de golpe. Están indexadas a fases específicas de crecimiento. Si no se alcanzan los objetivos de la fase 1, se congela la dotación para la fase 2.
- Apoyo activo: Moja se une al consejo de administración de las empresas y establece un estricto seguimiento mensual con expertos dedicados.
- Una estructura financiera híbrida: Para garantizar un rápido rendimiento de la inversión a los inversores, una gran parte del capital se aporta en forma de cuenta corriente de accionista, reembolsable mensualmente tras un aplazamiento de unos meses.
Un ejemplo llamativo de esta estrategia es el apoyo prestado a una marca local de yogures en Costa de Marfil. A diferencia de sus competidores, que importan leche en polvo, esta empresa se abastece directamente de los productores lácteos locales. Gracias a una financiación de 50.000 euros estructurada por Moja, la fundadora pudo mecanizar su producción para cumplir un importante contrato con Auchan. El resultado: una multiplicación por 2,5 de las ventas y una reducción del 35% de los costes de producción.
Hablar el idioma del inversor
Dirigiéndose a los agentes de las industrias culturales y creativas (moda, diseño, arte), Pierre Imboua recuerda que la inversión se basa sobre todo en criterios de viabilidad y rentabilidad.
“Los inversores siempre se preguntan: “Si pongo un euro, ¿cuánto recuperaré al cabo de tres o cinco años? Si presentas un modelo que no rinde tanto como lo que pueden conseguir en otros sitios, rechazarán tu solicitud”.
Para atraer a los inversores informales, que suelen ser más flexibles y estar más abiertos a las preferencias sectoriales que los fondos institucionales, es vital que los empresarios trabajen en supreparación para la inversión. Es crucial cifrar con precisión las necesidades de capital circulante, presentar una sólida cartera de pedidos y demostrar una buena gestión.
Por último, Pierre aconseja que lo primero que hay que hacer es apoyarse en la red personal. En Francia, movilizar a las personas cercanas puede generar una aportación inicial que puede servir para obtener fondos de organizaciones como Initiative France o bancos regionales. Saber presentar tu proyecto de forma clara y apasionada a tu entorno es el primer paso hacia el éxito de la financiación.
Con Moja, Pierre Imboua y sus equipos demuestran que la financiación de impacto no es una utopía, sino un mecanismo de ingeniería rigurosa capaz de transformar la economía del África subsahariana francófona, empresario tras empresario.
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