El manifiesto de Lulu Shabell sobre la moda y las industrias culturales africanas

por | 14 junio 2026 | Modo

Para la estratega de moda Lulu Shabell, África debe dejar de negociar su acceso a las pasarelas occidentales para construir sus propias estructuras. Con el lanzamiento de ÀLKÉ, propone transformar un legado milenario en una infraestructura económica y soberana.
Pour la stratège de la mode Lulu Shabell, l'Afrique doit cesser de négocier son accès aux podiums occidentaux pour bâtir ses propres structures. Avec le lancement d'ÀLKÉ, elle propose de transformer un héritage millénaire en une infrastructure économique et souveraine.

¿Por qué África debe crear las instituciones que protejan su inteligencia cultural?

Durante años, los protagonistas de la moda africana han intentado abrirse paso en París, Nueva York, Milán o Dubái. Pero sigue planteándose una pregunta fundamental: ¿por qué siempre son otros quienes tienen que abrir esas puertas, y por qué deberíamos seguir pidiendo acceso a un sistema que no hemos concebido nosotros?

Para la estratega cultural Lulu Shabell, el problema nunca ha sido el acceso. Es una cuestiónde arquitectura. En un ensayo fundacional, sienta las basesde ÀLKÉ (Art, Legacy, Knowledge, Enterprise), una institución panafricana concebida para perdurar, construida sobre una verdad cristalina: África nunca ha estado en la industria de la moda; siempre ha estado en la industria de la cultura.

La importancia de la propiedad intelectual

Lulu Shabell nos recuerda que lo que el mercado mundial denomina hoy en día «moda» no es más que la expresión reciente de prácticas que África lleva cultivando desde hace milenios.

  • La cueva de Blombos (Sudáfrica): Los hallazgos arqueológicos han sacado a la luz 41 conchas perforadas que datan de hace unos 75 000 años y que presentan restos de ocre rojo. Es el nacimiento de la comunicación humana a través de la ornamentación, mucho antes de la aparición del arte figurativo en Europa.
  • El Reino de Kuba (RDC): Sus expertos tejedores utilizaban la geometría no como una simple decoración, sino como un complejo sistema lingüístico que codificaba la genealogía, la cosmología y el poder. Los textiles servían allí como moneda, contrato político y expresión cultural, siglos antes de la firma del Convenio de Berna sobre la propiedad intelectual en 1886.

Sin embargo, el mismo sesgo histórico que en su día llevó a los colonos europeos a buscar orígenes no africanos para las estatuas de bronce de Ife (al considerarlas demasiado sofisticadas para ser de origen local) sigue vigente hoy en día, aunque de formas más sutiles.

«Cuando una casa de lujo occidental convierte la geometría kuba en beneficios sin pagar regalías, sin reconocimiento ni reconocimiento de la propiedad a las comunidades congoleñas, eso no es inspiración. Es explotación disfrazada de alta costura. »

Para ÀLKÉ, documentar científicamente y proteger jurídicamente esta anterioridad histórica no es un acto nostálgico. Es la base misma del poder de negociación, de la fijación de precios y del derecho de licencia.

Dejar de ser los alumnos del lujo

El núcleo de la crisis actual no se encuentra solo en los mercados, sino también en las aulas. La mayoría de las escuelas de moda del continente africano siguen enseñando la historia de la indumentaria desde una perspectiva exclusivamente occidental.

Se anima a los estudiantes a considerar París o Londres como sus únicos referentes, ignorando las complejas tradiciones textiles locales, como el simbolismo adinkra, los abalorios ndebele o los drapeados masái.

Esta educación lleva a los jóvenes creativos a verse a sí mismos como recién llegados a una historia que, sin embargo, forjaron sus propios antepasados. Al no ser conscientes de que son el origen de todo ello, actúan como simples subcontratistas de talleres en lugar de como guardianes de un saber único.

De este modo, ÀLKÉ sitúa la educación descolonial en el centro de su misión para formar a una generación consciente de que África no es la alumna del lujo, sino una de sus profesoras más antiguas.

La cultura como infraestructura económica

El término «cultura» se utiliza con demasiada frecuencia de forma indiscriminada, tratándolo como un complemento espiritual en lugar de como un motor de riqueza económica. Las cifras del informe de la UNCTAD de 2024 revelan una paradoja sorprendente:

  • En 2022, la moda africana generó 4.200 millones de dólares en exportaciones.
  • El conjunto de la economía creativa africana generó 2.400 millones de dólares en bienes y 4.000 millones de dólares en servicios.
  • Sin embargo, la participación de África en la economía creativa mundial solo ascendía al 1,5 % en 2022.

El margen de crecimiento es enorme. Según las previsiones de BCG, con inversiones estructurales específicas, la economía creativa africana podría generar entre 150 000 y 160 000 millones de dólares al año de aquí a 2030.

Esta brecha entre el potencial creativo y el valor obtenido se debe únicamente a la falta de instituciones sólidas que protejan esa riqueza. ÀLKÉ pretende subsanar esta carencia mediante tres mecanismos interrelacionados:

  1. Un centro artesanal de excelencia: para preservar, innovar y comercializar los conocimientos tradicionales.
  2. Un estudio de capital de desarrollo (Venture Studio): para estructurar y hacer crecer empresas creativas viables y con potencial de expansión internacional.
  3. Un fondo de dotación soberano (Endowment): para garantizar que los rendimientos financieros se acumulen en beneficio de las generaciones futuras, en lugar de esfumarse al final de un ciclo de subvenciones o de un proyecto efímero.

Lo que les debemos a las generaciones futuras

Construir estructuras permanentes es una responsabilidad generacional. Ante la falta de archivos y de marcos jurídicos que protejan la propiedad intelectual colectiva, África se ha visto despojada de su patrimonio inmaterial.

ÀLKÉ se compromete a cambiar el rumbo a escala continental. El pistoletazo de salida de esta aventura institucional lo dará el primer ÀLKÉ Ball en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), a pocos kilómetros de la cueva de Blombos, donde la humanidad comenzó a adornarse con arte.

Este evento marcará el inicio oficial del fondo de dotación ÀLKÉ, antes de recorrer las principales capitales culturales del continente: Lagos, Nairobi, Dakar, Adís Abeba, Accra y El Cairo.

Ya no se trata de vender moda. Se trata de afianzar la certeza de que la cultura africana es una infraestructura soberana, y de que lo que nace en este continente no debe volver a salir de él sin propiedad intelectual ni beneficios locales.


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